Madre cansada con su bebé en la cuna


Nuestra vida es estresante, y la vida como madre lo es todavía más.
La familia es nuestra vida, así lo hemos querido. Pero, ¿quién nos dijo que esto sería literalmente un trabajo de 24 horas?

Muchas madres se quejan de un cansancio y un agotamiento intensos, que en ocasiones llegan incluso al burnout. Porque entre listas de tareas interminables y prioridades que no dejan de crecer, hay algo que casi siempre acaba al final de la lista: las propias necesidades y la propia salud.

Descuidar el propio cuerpo durante demasiado tiempo puede acabar generando problemas de salud serios a largo plazo. Por eso, nutricionistas y expertos en salud recomiendan tomar conciencia de algunos errores frecuentes entre las madres más exigentes consigo mismas, para poder evitarlos:

1. No dormir lo suficiente: El principal problema de muchos padres, y sobre todo de las madres. Los hijos son un trabajo de 24 horas. El único momento libre es aquel en que los niños duermen, y justo entonces hay que ocuparse de las otras diez mil cosas que no se pueden hacer con ellos despiertos. ¿Y quién vuelve a salir perdiendo al final? ¡Exacto! ¡El sueño! Cuidado, eso sí: cualquier persona puede aguantar una temporada durmiendo poco, pero cuando se convierte en algo permanente puede provocar serios problemas de concentración, trastornos del sueño, debilidad del sistema inmunitario y otras enfermedades. Por eso es imprescindible reservar un «tiempo solo para mamá».

2. Saltarse el desayuno: Primero hay que dar de desayunar a los niños, sacar al perro, preparar el táper de la comida para la pareja ya que de todos modos se está en la cocina, y luego, cuando todos se han ido, poner orden en el caos. Solo entonces una nota que le suena el estómago y que ya casi es la hora de comer. El desayuno es una de las comidas más importantes del día. Si el primer bocado llega al mediodía, el cuerpo tira de sus reservas de energía, y así es exactamente como una se siente. Por eso conviene procurar comer algo junto con los niños ya por la mañana: aunque sea algo pequeño, como un muesli, algo de fruta, un huevo o una tostada de pan integral.

3. Beber demasiado poco: Nuestro cuerpo está compuesto por casi un 70 % de agua, y podemos llegar a perder hasta 3 litros al día. Para mantener ese nivel de hidratación y seguir estando frescas, activas y sanas, necesitamos beber casi esa misma cantidad. Una hidratación insuficiente y mantenida en el tiempo puede provocar, además de problemas en los órganos, daños importantes en la piel y el hígado, así como debilitar el sistema inmunitario. Lo mejor es tener siempre a mano una botella grande de agua que sirva de recordatorio: en la oficina, en la cocina, en el coche, junto a la cama, etc. En caso necesario, incluso puedes configurar un recordatorio o una aplicación para beber agua.

4. Alimentación poco saludable y picoteo constante: Aquí el riesgo es grande, porque precisamente la falta de tiempo suele ser la causa de una dieta poco sana. Mientras intentamos que los niños coman bien, preparándoles solo lo mejor y lo más saludable, a veces incluso a base de convencerlos con mucha paciencia, como madres nos olvidamos con frecuencia de nosotras mismas al final del día. La comida apenas alcanzó para los pequeños, así que volvemos a la bolsa de patatas fritas o al chocolate: total, tampoco apetece cocinar dos veces. Pero cuidado: muchas madres pierden o ganan mucho peso, según cada caso, y suelen olvidarse de sí mismas. Además del peso, la ingesta de nutrientes es determinante para llevar una vida larga, activa y saludable, y una alimentación sana también ayuda al cuerpo a resistir mejor el estrés. Por eso, lo ideal es retirar los snacks poco saludables de casa y, cuando el tiempo apremia, sustituirlos al menos por opciones más sanas, como palitos de verdura con humus, macedonia de fruta o alguna barrita de cereales.

5. ¡Acostarse sin una copita de vino! Sí, has leído bien. Una copa de vino por la noche puede ayudar de verdad a relajar los músculos y la mente. Reduce las hormonas del estrés y, al final, favorece un sueño más profundo y saludable. Eso sí, cuidado: hablamos de unos 0,2 l de vino al día. Es fácil que no se quede en una sola copa y que se sirvan un par más. Eso ya deja de ser beneficioso y, con un consumo excesivo de alcohol, puede llegar a ser bastante tóxico. Tampoco hace falta tomar vino cada noche, aunque, de momento, tampoco hay nada que lo desaconseje.

Queridas mamás, sabemos que es más fácil decirlo que hacerlo. Pero, por favor, pensad también en vosotras mismas, al menos tanto como pensáis en vuestros hijos. ¡Solo tenéis una salud!