Mujer durmiendo bajo la almohada


Una persona salta de la cama nada más levantarse, sale a correr, se pone a trabajar, hace las tareas de casa y está de lo más despierta. Pero, en cuanto llega a casa por la tarde, ya no es capaz ni de tocar una tarea doméstica; le cuesta mucho afrontar cualquier cosa que requiera concentración, y para hacer deporte ya está demasiado cansada.

La otra persona mantiene bien activo el botón de repetición del despertador por la mañana y cuesta muchísimo motivarla para lo que sea. Mejor ni dirigirle la palabra antes de las 11 de la mañana, cuando quien ya lleva horas despierto se ha tomado ya uno o dos cafés. En cambio, a lo largo del día esta persona va cobrando vida y por la tarde se vuelve realmente activa. Los conceptos, las ideas y las tareas creativas o de alto rendimiento se resuelven mejor y con más facilidad por la tarde o, en muchos casos, incluso de noche.

¿Te suena de algo? ¿Con cuál de los dos tipos te identificas?

Aproximadamente el 20 % de las personas se reconocen como madrugadoras o como noctámbulas.

Pero, ¿a qué se debe esto? No se trata de un hábito ni de algo derivado del estilo de vida, sino que, según las investigaciones más recientes, tiene que ver con la propia estructura del cerebro.

Se ha descubierto que nuestros hábitos de sueño no están determinados por nuestro entorno ni por costumbres adquiridas, sino que se remontan a nuestro cronotipo.

Cronotipos

Las rutinas de sueño y vigilia de una persona también se conocen como cronotipos.
Entre ellos se encuentran, entre otros, los conceptos de «noctámbulo» y «madrugador».

Además, un estudio ha descubierto que existen muchas diferencias que van más allá de los simples hábitos relacionados con el sueño.

Con una técnica especial de resonancia magnética, se midió la transmisión de señales en la sustancia blanca del cerebro en cronotipos tempranos, normales y tardíos. El resultado mostró que la transmisión de señales varía entre los distintos cronotipos.
Es decir, que cada persona tiene su propio reloj biológico interno, que determina en qué momento su rendimiento es más alto, y también es responsable de cuándo aparece la necesidad de dormir.

Un sueño saludable

Esto le da una perspectiva totalmente nueva a nuestro sueño. Hasta ahora pensábamos que todos necesitábamos al menos 7-8 horas de sueño reparador, y que una fase de descanso desde, como mínimo, las 12 de la medianoche hasta las 6 de la mañana era lo «normal» para cualquier persona. Pero eso es un error.

Cuando nuestras necesidades individuales no coinciden con nuestro horario laboral ni con nuestras fases de mayor o menor rendimiento, el cuerpo responde con estrés:
«El déficit de sueño constante de un cronotipo tardío, o noctámbulo, puede compararse con un jet lag crónico», afirma una científica.

Esto podría explicar, según las estadísticas, por qué las personas noctámbulas tienden a consumir más alcohol y tabaco que las madrugadoras o las que tienen un ritmo de día y noche normal.

Los expertos recomiendan a las personas que no pueden adaptar su horario laboral a su ritmo de sueño natural que, al menos en sus días libres, compensen el déficit de sueño acumulado durmiendo más tiempo por la mañana.

Así que, si puedes, organiza tu día a día, con todas tus fases de sueño, vigilia y rendimiento, según tu propio reloj interno, y no al revés.